El arroz con leche es el abrazo hecho postre. Es esa receta que nos transporta a la infancia con solo oler la canela y el limón. Lograr el equilibrio perfecto entre un grano tierno y una cremosidad extrema es casi un arte, pero con esta técnica de reposo y paciencia, conseguirás un resultado digno de la mejor cocina tradicional. ¡Prepárate, porque sale una cantidad generosa!
100 g de Arroz (preferentemente doble carolina o para risotto)
1 litro de Leche
150 g de Azúcar
Canela (en rama y en polvo)
Cáscara de limón
En una olla, coloca el arroz junto con el litro de leche. Añade unos trozos de cáscara de limón (bien lavada) y una rama de canela. Deja reposar la mezcla entre 30 y 60 minutos antes de encender el fuego; este paso es vital para que el grano se impregne de todos los sabores.
Lleva la olla al fuego tapada hasta que esté a punto de hervir. Es fundamental mantenerse cerca para evitar que la leche suba repentinamente. Una vez que alcance el punto de hervor, destapa la olla.
Baja un poco el fuego y comienza a revolver cuidadosamente. Aunque puedes dejarlo momentos cortos, lo ideal es remover con frecuencia para que el arroz suelte su almidón y la textura final sea bien untuosa.
Cuando pruebes el arroz y sientas que está "al dente", es el momento de agregar el azúcar. Continúa revolviendo mientras el líquido se evapora y el azúcar ayuda a que la mezcla espese y tome cuerpo.
Una vez cocido, apaga el fuego y retira la canela y el limón. Bate con un poco más de intensidad durante unos minutos para terminar de ligar la crema. Deja enfriar en la heladera al menos 20 o 30 minutos antes de servir.
Sirve en cuencos individuales y espolvorea generosamente con canela en polvo por encima. Este detalle final es el que le da el toque mágico a este postre clásico.